Sobre mí

Bilbao, 1972.

Conocí la fotografía por casualidad. Adolescente perdido, mi mejor amigo eligió la asignatura de fotografía por mí. Lo recuerdo como el empujón que necesitaba. Bendita elección.

Me volví adicto al olor del revelado. Mi color favorito pasó a ser el rojo de la luz de laboratorio, entre carretes positivándose.

Durante los siguientes años, idas y venidas, amores y odios, encuentros y desencuentros. Conocí los lados buenos y los no tan buenos de la fotografía. Y, durante este tiempo, la sensación de que me faltaba algo se fue haciendo más grande.

El Centro de Fotografía Contemporánea de Bilbao, de la mano de Ricky Dávila, me enseñó a reconocer la fotografía auténtica: la que provoca, la que cuenta historias. Gracias a Ricky dejé de sentir aquella sensación.

Una vez que conoces el mundo detrás de la puerta de las apariencias, ya no quieres salir de él.

Creo en ese mundo. El sincero. Donde la mirada importa más que cualquier gesto. Donde el instante es efímero. Donde hay que sentir para mirar.

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