Fin

Me convertí en el dragón del que siempre te dije que te iba a proteger, a pesar de saber que no necesitabas ayuda para defenderte de él.

Y ahora, mientras sofoco mis llamaradas en un lago lleno de sal, me doy cuenta de que ya no hay cuento que valga, puesto que todo ha llegado a su fin.

Busco un volcán activo donde arrojar mis escamas verdes de envidia, donde morir junto a mis sueños de ser valedor de tu mirada. Ese volcan, de donde creí nacer, se convertirá en mi tumba de la que no pienso reunir cenizas para de nuevo volar.

Adiós. Ya te dejo volar. Y lo hago suplicandote que comprendas que si te hice daño fue por quererte querer, no por querertelo hacer.

No crecen flores en el cielo

¿Dónde están esas palabras mentirosas que nos enseñaban desde la infancia?

¿Dónde está ese cielo que alberga a las personas que echamos de menos?

Mires como mires, nunca verás las flores que te han regado

M(izu)

Agua que se estanca cuando quiere fluir. Empuja con fuerza las paredes opresoras, y explora con suavidad rendijas por donde discurrir.

No. No es otro volcán. El agua no fuerza la salida, la busca. Cualquier hueco es bueno para encontrar el principio de la huida. Deslizarse, no romper. Crear, no destruir.

Toca abrir compuertas…

Túnel

Hoy, por fin, la luz del final del túnel dejó de ser el expreso de la media noche para convertirse en algo cegador, cálido, intenso… Algo tan suavemente duro que necesitaba volver a sentirlo sobre mi.

Hoy, por fin, atravesé ese túnel dónde me encontré en la mitad del mediodía, y comienzo a caminar por sendas donde ya no todo serán sombras.

Hoy, por fin…

Hoy

Hoy, por primera vez, conseguí volar por debajo del suelo…

Dulce sensación de libertad, amargo sabor que inunda mi paladar de frescas sensaciones, recuerdos de momentos – sin sabor – en el interior del túnel. Ésos en los que la luz del tren alude a la inexistencia del final del camino, pero que no te avisa de escapar de la oscuridad para bordear la angosta y húmeda -repleta de trenes – caverna por la que me empeñé en arrastrarme, que no volar.

Volar. Volar por debajo del suelo.

Con el aire en el rostro, arrancando lágrimas de sal que ya no existen, reflejos de un recuerdo que ya olvidé – o puede que no. Da igual – extiendo mi mirada buscando un horizonte, antes difuso, a estas horas repleto de tormentas lejanas que pienso en dejar atrás.

Volar. Sí. Volar por debajo del suelo… Hoy