Volar

Dadme dos líneas escritas de su puño y letra por el hombre más honrado y encontraré en ellas motivo suficiente para hacerlo encarcelar

Cardenal Richelieu

Me siento cohibido ante la mirada inquisidora de un pasado que intento dejar atrás, pero que se empeña en perseguirme por algún motivo que se escapa a mi razón.

Mis dedos tiemblan al escribir cada letra por miedo a seguir viviendo encarcelado, condenado, por mentes que quieren encontrar motivos para seguir engordando su vanidad, sus mentiras, sus razones inexplicables, sus comportamientos inteligibles.

Esa sensación de querer volar desde la honradez del que ha amado con toda el alma, pero que le impiden hacerlo al acusarle de haber cortado unas alas que no eran tales, que no existían. ¿Desde cuando hacen falta alas para volar? El sentimiento más puro es capaz de convertir tus sueños en suaves movimientos que te hagan surcar el aire (¡si lo dijo Peter Pan!). Creer que se tienen alas es creerse sus propias mentiras, esas justificaciones para hacerme temblar al escribir.

Por todo eso he tenido que volver al pasado, al inicio de mi dolor. Recordar quién, cómo, cuándo, escribió las dos primeras frases honradas, las que hacían que pudiese volar. Y así volver a cerciorarme de que no soy yo quien busca motivos para encarcelarme.