Rencor

No consigo encontrar las llaves que cierren la puerta que alguien abrió con premeditación. Mi rencor, volátil, siente la brisa del aire fresco que ventila la habitación, aprovechando cada bocanada de aire que aspiro para insuflarse valor. Desmedido, hambriento, compañero de una venganza que lleva vestido de gala, ropa interior de cachemir y ligas negras de cuero martirizador, se lanza al mar de olas enrabietadas que golpean mi sensación de perdedor.

Aúllo mal herido, animal salvaje desgarrado por una herida interior, e intento cambiar la cerradura sin apenas respirar. ¿Esfuerzo baldío? – nunca sabré si lo es – ¿Locura de un soñador? – sin ninguna duda-.

Consigo seguir caminando, dejando tras de mi otro reguero de sangre que colorea la suave nieve que comienza a refrescar mi dolor. Hasta donde llegue. Quién sabe si llegaré o no.