Fin

Me convertí en el dragón del que siempre te dije que te iba a proteger, a pesar de saber que no necesitabas ayuda para defenderte de él.

Y ahora, mientras sofoco mis llamaradas en un lago lleno de sal, me doy cuenta de que ya no hay cuento que valga, puesto que todo ha llegado a su fin.

Busco un volcán activo donde arrojar mis escamas verdes de envidia, donde morir junto a mis sueños de ser valedor de tu mirada. Ese volcan, de donde creí nacer, se convertirá en mi tumba de la que no pienso reunir cenizas para de nuevo volar.

Adiós. Ya te dejo volar. Y lo hago suplicandote que comprendas que si te hice daño fue por quererte querer, no por querertelo hacer.