Hoy, por primera vez, conseguí volar por debajo del suelo…

Dulce sensación de libertad, amargo sabor que inunda mi paladar de frescas sensaciones, recuerdos de momentos – sin sabor – en el interior del túnel. Ésos en los que la luz del tren alude a la inexistencia del final del camino, pero que no te avisa de escapar de la oscuridad para bordear la angosta y húmeda -repleta de trenes – caverna por la que me empeñé en arrastrarme, que no volar.

Volar. Volar por debajo del suelo.

Con el aire en el rostro, arrancando lágrimas de sal que ya no existen, reflejos de un recuerdo que ya olvidé – o puede que no. Da igual – extiendo mi mirada buscando un horizonte, antes difuso, a estas horas repleto de tormentas lejanas que pienso en dejar atrás.

Volar. Sí. Volar por debajo del suelo… Hoy

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